viernes, 15 de abril de 2011

SALTA tan linda que da bronca

Comparto dos notas que me divirtieron e informaron, espero que aporte a iluminar algunas consederaciones.

El voto calificado
¡Grande Solanas!, ahora eres conservador


* Por Alejandra Paredes

Qué atropello a la razón, ayer todos eran progres; decididos activistas contra las injusticias y patriarcas de los movimientos sociales de ayuda a los desprotegidos. Ahora, la pobreza es la razón suficiente para concebir que los ciudadanos que habitan fuera de la Capital Federal, no califica para decidir quiénes regirán sus destinos.

A diferencia de los primeros efectivos de la S.S. y la Gestapo –la organización himmleriana no contaba ni con fanáticos; ni con asesinos sexuales; ni con sádicos–. Contaba única y exclusivamente con la normalidad de la gente común: con cultura, gran amor a la familia y al prójimo y con profunda fe religiosa (Hannah Arendt. La tradición oculta. Paidós)”. Este es el epílogo de una nota sobre voto calificado que el periodista Eduardo Pavlovsky, escribió para la contra tapa de Página 12 en el año 2004. En la misma narra la charla entre padre e hijo; sobre este tema y entre otras cosas dice: “El voto calificado significa que pueden votar en las elecciones aquellas personas que tengan un nivel cultural alto –que les va a permitir realizar una elección del voto mucho más racional que la persona que carece de cultura–. A veces son analfabetos y no están en condiciones de poder votar en las elecciones en forma racional. Generalmente votan lo que algún político les marca o por simple intuición. Otras veces la simple propaganda. Naturalmente que uno desearía que todos tuviésemos las mismas oportunidades. Pero la realidad nos muestra que eso nunca es posible ni será posible”.
Esta es una muestra del pensamiento del puerto en sus clases económicas, más acomodadas. La que pasea por Palermo Hollywood, el Puerto y las zonas conchetas de una CABA que se cae por la mugre y la desinversión; sus pobres duermen en las veredas, o al lado de los container que se llenan de basura revuelta por esos espectros que vagan en medio de una sociedad tremendamente violenta.
El porteño promedio culpa a: los paraguayos, en primer término. A los bolivianos consecuentemente, a los negros en general, a las mujeres que manejan y por supuesto a los “argentinos del norte”; como no hace muchos meses atrás, nos llamó Clarín y La Nación, entre otros medios (bastante enteros) gorilas, de pelaje auténtico.
Pero claro, esto tiene su raigambre histórica y la misma contada por expertos, arranca con el estado del voto calificado, antes de Sáenz Peña, pocos elegían y gravitaban en la vida de la mayoría: “A partir de 1900 se produce en nuestro país una notable división en los sectores dominantes entre quienes apoyaban al presidente Julio Argentino Roca y su política intransigente de mantener el fraude electoral, y los sectores de la elite más inteligentes, probablemente influidos por cierta vocación democrática. Actuaban sobre todo en defensa propia, a la vista de los hechos ocurridos en el país (revoluciones radicales, atentados anarquistas, crecimiento del movimiento obrero) y en Europa (rebeliones obreras en España, Italia y Rusia), y prestaban atención al proceso político europeo, donde las burguesías estaban aprendiendo a la fuerza que les convenía trocar el absolutismo y el autoritarismo por un régimen democrático de participación ampliada”.
Antes de la ley del voto universal, esta práctica era exclusiva: “La primera ley electoral argentina fue sancionada en 1821 en la provincia de Buenos Aires durante el gobierno de Martín Rodríguez, por el impulso de su ministro de gobierno, Bernardino Rivadavia. Esta ley establecía el sufragio universal masculino y voluntario para todos los hombres libres de la provincia y limitaba exclusivamente la posibilidad de ser electo para cualquier cargo a quienes fueran propietarios. A pesar de su amplitud, esta ley tuvo en la práctica un alcance limitado, porque la mayoría de la población de la campaña ni siquiera se enteraba de que se desarrollaban comicios. Así, en las primeras elecciones efectuadas con esta ley, sobre una población de 60.000 personas apenas trescientas emitieron su voto”.

Cuando el socialismo ocupaba su lugar

Pino Solanas, remontó en un espacio cuya idea snob de la cultura, no hace más que delimitar un corpus circunscripto a estos apocalípticos, en la idea de Eco, sobre el acceso a los medios de producción cultural. Allí, refugiados y seguros, lejos de la masa hedionda y pobre, hablan y exhiben a los muertos de hambre, se apropian de los indios y no dejan emprendimiento sin criticar, a menos que sus vocecitas hipócritas, se luzcan golpeando a un MC Donalds o a una Golden canadiense que nunca los escuchará, pero ellos acallan sus mezquinas conciencias, si las tienen, con un gesto de asco y brutal conmiseración. Porque está de moda y es progre llevar la yisca de costado, es muy progre despeinarse un poco y vestir un estilo new hippie, tenerlo a che en remeras y hasta en los calzones, pero ni ahí; hablarán del fondo de este asunto tan inacabable como los pobres, los indigentes, los que se quedan sin casa, porque en sus provincias, se produce lo que no se come y se compra lo que no se fabrica. Quizá es tiempo de mover las industrias hacia ese interior de cabecitas negras; redistribuir las fábricas en otros lugares y de abrir el puerto en otras fronteras.
Comportamiento lamentable, si recordamos aquel discurso del diputado Juan B. Justo, cuando señaló claramente cuáles eran las intenciones del sector más “progresista” de la elite con la sanción de la ley electoral: “…si se asiste a una nueva era política en el país, es precisamente porque han aparecido fuerzas sociales nuevas, materiales, y no porque hayan aparecido virtudes nuevas; es porque hay una nueva clase social, numerosa y pujante, que se impone a la atención de los poderes públicos, y porque es más cómodo hacer una nueva ley de elecciones que reprimir una huelga general cada seis meses”.
Qué lejos estamos de aquel ideal, con este señor que en las elecciones visitó a los dirigentes norteños Pepino Fernández y Eduardo Paliza (de quien ni el nombre recordaba), cuando ambos estaban detenidos en Embarcación. En esa oportunidad el presidente de Proyecto Sur, habló con los medios salteños y dijo, con respecto al juez que entendía en la causa, que le había causado una buena impresión, con su proceder.
Fue Solanas en su aspiración presidencial que señaló su objetivo primordial en ese sentido: “hay que promover un cambio en el modelo productivo y en el modelo cultural. Debe haber una reforma constitucional para asegurar la coparticipación de recursos e impuestos”. Cuidado con ver el bosque y no distinguir el árbol.

 

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Moyano con el escudo gremial
La revancha dialéctica de Urtubey

La semana se puso calentita cuando la primera frase mediática del reelecto mandatario salteño fue para calificar al camionero Hugo Moyano, como un pianta voto. Expresión que valió las apariciones de Urtubey en cuanto medio porteño encontrara la fértil oportunidad para indicar que el líder de la CGT nacional, pertenecía al frente de la derrota electoral en Salta.

“Lo que pasa es que acá no se trata de sindicalistas. Yo respeto el movimiento obrero, respeto a lo que es la dirigencia sindical, pero Moyano vino acá a hacer política partidaria, no política gremial. Acá vino como un dirigente político a acompañar a un dirigente político. Yo no me meto en las internas gremiales, no me meto en cómo se eligen los secretarios generales de los gremios, porque yo no soy representante de los trabajadores. Lo que estamos hablando es de política entonces; uno no se puede escudar cuando va a discutir de política, y alguien le dice algo que no le gusta, no se puede escudar mire que soy sindicalista, nadie me puede criticar. Me parece que es una cosa infantil” dijo el gobernador a los periodistas locales.
No obstante, las suspicacias lo encontraron en los reportajes, donde sugestivamente apuntaban a las aspiraciones presidenciales de Urtubey, como si fuera una novedad que un político argentino, quisiera llegar a la Rosada, caminando desde el norte.  
  
Repudio gubernamental

Pablo Kosiner, como ministro político, también salió en defensa del gobernador ante la marejada de críticas que lanzó el arco de la dirigencia sindical porteña. Moyano, Plaini y Piumato, hicieron tronar sus descalificativos hacia la imagen, la gestión y hasta las ideas religiosas del gobernante. Un panorama que dio pie a la respuesta, en los medios locales, realizada por el ministro de Gobierno: “algunos dirigentes nacionales creen que la realidad de la Argentina pasa por un estudio de televisión de Buenos Aires. Sin tener una visión integral de lo que sucede en el país y cómo se expresan los argentinos en otras ciudades.
El gobernador planteó ante los medios nacionales que las diferencias que había en su 58% de votos y el 9% de los obtenidos por la lista que apoyó Moyano, se debía a la opción hecha por los salteños y que seguramente la figura del gremialista no ayudó a los de la lista que apoyara. Esto generó una reacción desmedida; lo calificaron de gorila y de genocida. Hasta el hijo de Moyano dijo que se iba a arrepentir de las declaraciones. Todos estos dichos afectan a los salteños más allá de la figura del gobernador y por eso es que repudiamos los agravios que expresaron estos sindicalistas”, acotó.
“Hay que ser respetuosos de la elección de la mayoría y en el caso de Moyano tiene que hacerse cargo porque vino a apoyar a quienes perdieron” opinó.
Además, Kosiner analizó lo que trae de fondo este tipo de reacciones políticas: “en Salta todos los gremios, salvo camioneros y tampoco todos los camioneros, hay que decir excepto el secretario general de ese gremio. Porque son muchos los camioneros que votaron a Urtubey; trabajaron con el gobernador. Nosotros en la provincia tenemos mesas de negociación permanente, por lo tanto, lo que digan estos dirigentes en Buenos Aires no es representativo de lo que piensan los trabajadores en Salta, de hecho Urtubey tuvo este apoyo del 58%. De ahí en más, hay que saber que en Buenos Aires están muy acostumbrados a hacer estas dicotomías de blanco y negro. Y sin embargo, el gobernador siempre dijo que él no trabaja en la categoría amigo y enemigo. También dijo que reconoce el liderazgo de Cristina Fernández y el domingo lo primero que hizo fue reconocer el apoyo de la presidenta a los salteños, porque hizo mucha inversión en el norte y programas sociales; esto hace entonces que la relación del gobierno nacional y de la presidenta con Urtubey sea perfecta. Por ahí hay algunos que les molesta la relación madura y racional del gobernador y que no sea un alcahuete. También les molesta que con este triunfo tiene trascendencia nacional, eso se puso de manifiesto en los medios de afuera con la cobertura del salto institucional de la provincia, con el voto electrónico”.


Pino, el árbol que tapa el bosque 
Cuando Solanas, cambió de película y de repente los pobres que tanto ama y llora en sus films, se convirtieron en los pobres esclavos del feudo, con baja calificación intelectual como para decidir; los progresistas que hasta ayer rechazaban el discurso derechista excluyente. Hoy le daban la razón al voto calificado.
Al respecto Urtubey dijo: “conocemos a Pino, él tiene una mirada, hay veces que la intelectualidad en Buenos Aires cree que todos los que no votan como ellos somos brutos, somos incultos. Pero esta no es la primera vez que lo hacen, así que en definitiva nosotros lo que tenemos que hacer es seguir trabajando, no faltarnos el respeto entre nosotros. Entiendo que el pueblo de Salta ha dado una aceptación realmente abrumadora a la continuidad de este Gobierno, y para mi es una responsabilidad que repito, en el enorme respeto a todos los contendientes, a todos aquellos que desde la Provincia, puertas adentro, plantearon las maneras de que esto pueda seguir adelante. Hayan acompañado o no, a mí me obliga a que trabajemos todos juntos. La opinión de la gente de afuera realmente son opiniones de gente que muchas veces no puede y no conoce cómo somos nosotros, cuál es nuestra forma, cuáles son nuestras prioridades y demás”.
El dedo en la llaga

Indudablemente, Urtubey propinó el touché al líder gremialista, pero esta cresta de la ola de odio fue aprovechada por sectores que destilaron una equivocada generalización sobre la militancia sindical, olvidándose muy convenientemente que la existencia misma de los sindicato nace en una relación de injusticia y por lo tanto del propio conflicto, en una proporción desigual de fuerzas.
Una patronal que usufructúa del trabajo y con ello explota la producción generada por el trabajador, a cambio de un salario que jamás representa la equidad de la fuerza misma, puesta en la elaboración del producto, que finalmente se traducirá en una riqueza que va hacia los dueños y empresarios y retorna en un salario que mínimamente cubre las necesidades básicas del propio trabajador.
Obviamente, este no es el contexto situacional de la discusión entre Urtubey, como político triunfador electoral, ni la de Moyano como un pope dirigente. Pero que oportunamente, cuando se calmen los ánimos,  bien harían en su madurez, ambas partes;  recoger los dardos y reflexionar que los dichos de uno impactaron en los argentinos que viven en Salta y en los gremialistas que luchan de modo legítimo por conseguir el respeto de los derechos humanos, en lo laboral, para sus compañeros.
Aunque el sacudón fue mediáticamente visible, no se puede tomar como representativo del crecimiento de poder de uno sobre otro, tampoco es suficiente para adivinar la caída de Moyano, Plaini o Piumato. Es del movimiento, estas discusiones y los que hoy se gritan, mañana se susurran al oído.

 

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