miércoles, 11 de diciembre de 2013

Esto es lo que vi (Salta)

Marcha sobre calle Caseros . gtlz @MatiasGiliberti QPS
Este año tuve el impulso de aprender quechua, lo primero que me maravillo del modo de estructuración de ese idioma fue que cuando uno desea enunciar algo debe dejar sentado como accedió a la información; o sea si fuiste testigo, si te lo contaron o si lo adivinas o inferís.
Sincerándome, con el conflicto salarial policiaco, estuve impávido; sensación similar a la inmovilidad que genera el pánico. Con el fin de sosegar esa impavidez decidí buscar información, harto de las redes sociales, los portales y la televisión; obviamente, no tenía por dónde empezar.
A la salida del laburo, hoy me quede un par de horas más como resguardando el lugar donde trabajo, emprendí rumbo al hogar. Mientras caminaba vi a una señora que, como si fuera un sortilegio de protección, agitaba frente a algunas vidrieras una barita de sahumerio; aunque estuve tentado de cruzarme a preguntarle, decidí seguir.
Camino a casa suelo pasar frente a una par de plazas, en la primera encontré a una persona vestida toda de azul que de inmediato identifique como policía, sostenía con dificultad un cigarrillo mientras lo precipitaba a su boca; nunca había visto a un agente en ese estado de nervios. Me acerque y le dije: Buen día, disculpe el atrevimiento pero siento curiosidad, ¿Cuándo cree usted que se solucione esta situación? ¿a corto, mediano o largo plazo?.
Con una mirada plenamente humana e ineludiblemente sincera me contesto “no se”
-          ¿Por qué no se adhirió al paro?
-          Por cobarde – dijo mientras se le inundaban los ojos
Era como de mi edad, joven pensé yo, y le pregunte el tiempo que llevaba dentro de la fuerza.
-          10 años.
Por supuesto ahí se me precipitaron las (casi) tres décadas que porto. De inmediato quise saber si recordaba una situación similar a la que vivimos y citó el conflicto del 2004; “Cuando Romero era gobernador”, acoto. “Aquella vez nos acuartelamos, el sueldo era de $300 y logramos el aumento”
-          ¿De básico?, pregunte
-          Nooo, de bolsillo; imagínate cuanto debe haber sido el básico.
-          ¿Cuánto es el básico ahora?
-          Yo cobro $500
No pude disimular el gesto de asombro ni el sentimiento de impotencia.
Me contó que llega a los $4000 de bolsillo pero gracias a los adicionales EN NEGRO, ítems como asignaciones familiares, uniforme ($100 mensuales), y cuando hacen de seguridad de un local, también llamados adicionales, tarea por la cual cobra $140 por 4hs y $170 x 8hs; según manifestó.
En lo que charlábamos se acercó otro agente que comentaba otras cuestiones que degradan la labor policial. Como el hecho de tener carpeta médica va en detrimento de la carrera, ya que es tomado en cuenta a la hora de los asensos. Las horas de arresto por llegadas tarde, que implican trabajar turnos dobles. Solo dos descansos mensuales; siempre y cuando no los afecten a otras tareas que luego no son computadas en el salario al igual que las horas extras.
Durante la charla vi a dos ciudadanos en la vulnerabilidad de cualquier otro laburante explotado.
No estoy de acuerdo en que las fuerzas tengan sindicato, ya que son las depositarias del uso de la fuerza pública; pero es, como mínimo, una vergüenza que el salario básico de cualquier trabajador del estado no sea el mínimo, vital y móvil.
Me hablaron de sentir vergüenza por ver a sus compañeros (y ex compañeros) marchando y no estar junto a ellos, de que siguen pagándose las municiones, las identificaciones y la vestimenta; que por supuesto es más que los $1200 anuales.
Para entonces estaba atragantado de la bronca, me despedí con el mayor de los respetos y agradeciéndoles que estén cuidando las calles del centro salteño y me fui con el compromiso de contar la charla.
En las últimas cuadras de regreso recordé los datos compartidos por colegas y emanados de la jerarquía policial: 300 acuartelados en el Centro Policial, cesanteados y jubilados de la fuerza marchando e instigando a los negocios céntricos a cerrar las persianas, familiares de efectivos de la fuerza sumados a las marchas, la promesa de despedir a quienes adhieran a la protesta, la garantía de seguridad por parte del jefe de policía.
El servicio de transporte público funciona, las universidades dictaron asueto y la mayoría de los negocios céntricos optaron por pegar cartones en las vidrieras, otros utilizaron durlock o tablas, cerrar las persianas y algunos comerciantes se apostaron en la puerta de sus locales armados con palos y otras cosas para defenderse.
La paranoia gano, al menos por ahora.

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