lunes, 1 de octubre de 2018

Gobierno neoliberal, una calamidad

Ni Itala, ni España; Grecia es el espejo de la economía argentina.
Han pasado años, siglos desde que llego a nuestro continente la lengua española e igual o similar período que en nuestras naciones es ese idioma de instrucción obligada en la formación escolar. Sin menospreciar aquellas naciones que legalmente reivindicaron los idiomas originarios es innegable que en Latinoamérica somos hispanoparlantes y/o potugoparlantes.
El término calamidad, con la ineludible deriva semántica, hoy refiere a un acontecimiento natural que los seres humanos observamos casi como un castigo divino; tsunamis, deslaves, inundaciones, sequías, etc... pero ¿son realmente acontecimientos de los que somos víctimas involuntarias?.

HAGANSE CARGO

Imperativo, sonoramente desmesurado, en especial para quienes constituyen un discurso de autosuperación personal cimentado en la falacia del "yo puedo solo"; solo podes librarte de tus decisiones tomando otra pero cuando las decisión es colectiva ¿cómo se realiza una modificación del rumbo o ritmo?
La "naturaleza" humana más cercana al impulso de cualquier mamífero que de la capacidad de raciocinio que nos "enseñan" en las escuelas es tan artificial como orgánica. Tener hambre es totalmente orgánico, ambicionar comerse a otro ser humano con el fin de saciar el impulso, en un marco de raciocinio humanizante, sería considerado "bestial" sin embargo es eso lo que están haciendo aquello que mirar como un recurso a la vida humana.
El impulso de consumo es eso, un impulso; que ha explotado el comercio y me encantaría poder decir que la perversión en el raciocinio humanista existe desde la globalización, desde la invención de la televisión, desde el atesoramiento del oro más esa repudiable noción de la otredad es rastreable a lo largo de la historia humana. La egolatría de considerarse superior los lleva a imperar por la fuerza consolidando así el mito del poder, un término que en un entorno de igualdad aludiría a potencia y capacidad para desarrollar un proyecto o alcanzar un objetivo es en el contexto actual solo la normalización de la prepotencia.

Las islas griegas y la Patagonia

El espejo de la "calamidad" que padece la economía argentina es sin dudas Grecia, quien optó por la senda del FMI para "acomodar" las finanzas públicas.
Según datos del 30 de Junio del 2017, la deuda griega era equivalente a un 245% del PBI. La información reciente sugiere la posibilidad de que el gobierno habría puesto en venta 1200 islas con la finalidad de conseguir 54.139 millones de dólares y afrontar la deuda contraída entre 2009 y 2012, dos gestiones antes del mandato de Alexis Tsipras, político de extracción popular.
Se estima que Argentina, para fin de año el dólar cotizara a $44 con este panorama la deuda superaría el 100% del PBI, uno de los capitales históricamente ambicionados por los acumuladores de riquezas son las pampas y Patagonia argentina. Funcionarios del actual gobierno nacional han expresado el deseo de desentenderse del reclamo de soberanía sobre las islas Malvinas y "Sanguches" del sur; como así también expresiones que aluden a que la Patagonia es una "propiedad privada" como si no les cupiese las obligaciones  y derechos a los habitantes de ese territorio del sistema jurídico argentino.

El año que viene, con suerte y muchísima residencia, los argentinos podremos concurrir a las urnas para ejercer el más preeminente, y de los últimos derechos democráticos que todavía nos asisten. Para enfrentar a gobernantes que desde la gestión privada conocen casi todos los rincones del sistema de correo, que es el encargado del traslado de las urnas; esto si es que finalmente no logran imponernos mediante los legisladores complacientes al poder el sistema de boleta única electrónica lo que constituiría un nuevo contexto de votación y que muchos consideran, no solo vulnerable sino que manipulable. Hará falta mucha más política en las calles, en los hogares, en los encuentros, en cada una de las charlas que emprendamos para recuperar la dinámica del diálogo, del discernimiento e imprescindiblemente de los consensos pues si acudimos a votar cegados por las emociones, sin información y enajenados por los medios de comunicación masiva solo habremos sido "instrumentos de las ambiciones ajenas" para solo "cambiar de tiranos".

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