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viernes, 27 de febrero de 2026

El agua no es mercancía, es medida de humanidad


 Yo camino por la orilla de un río que ya no reconozco.

Escucho su murmullo como se oye un fantasma: familiar, pero lejos.
No quiero hablar como tecnócrata. Quiero hablar como quien vuelve a casa y se pregunta si todavía habrá agua en la canilla mañana.
Los glaciares —esas montañas de hielo que no gritan ni marchan— se están encogiendo delante de nuestros ojos y miden silenciosamente el precio de nuestra indiferencia. El gran glaciar Perito Moreno, ícono de paisajes y viajes, ha retrocedido miles de metros en los últimos años —una pérdida que muchos científicos ya consideran irreversible— y ha alterado la hidrología regional en formas que apenas comenzamos a entender.
Hay nombres que hacen eco en esas elevaciones heladas.
Hay científicos que han dedicado su vida a medir, registrar, comprender.
Uno de ellos es Ricardo Villalba, glaciólogo argentino reconocido por su trabajo en inventarios y estudios glaciales, autor también de análisis integrados en equipos científicos que intentan poner números y trazabilidad a lo que está sucediendo con ese hielo que alimenta los ríos.
Pero incluso cuando la ciencia pregunta los porqués, hay quienes quieren transformar el agua en propiedad corporativa.
La privatización, la contaminación y la sequía inducida no son fantasmas conspirativos: son efectos compatibles con una lógica que ve al agua como activo financiero, no como bien común.
Así como quienes buscan modificar leyes para poner menos límites a la actividad extractiva —aunque eso signifique alterar cuencas y fuentes de agua vitales— lo hacen bajo eufemismos técnicos y promesas de “seguridad jurídica” o “desarrollo estratégico” mientras el agua baja y no vuelve igual.
El agua no espera lobby ni memorandos; el agua no negocia con plazos parlamentarios.
Mientras en la política se discute si conviene definir con más laxitud qué cuerpos de hielo merecen protección o cuáles pueden quedar abiertos al extractivismo, los glaciares se adelgazan, los ríos cambian caudales, las estaciones se oscurecen.
El hielo se derrite también en silencio, pero su desaparición no es menor porque no haga ruido.
Avanzamos como sociedad hacia una nueva normalidad en que el agua se mide en variables económicas antes que en vidas humanas. Ese desplazamiento conceptual es más profundo que cualquier decreto: es una mudanza del imaginario colectivo.
Ya no pensamos “agua” y sentimos vida.
Pensamos “agua” y calculamos “rentabilidad”.
Pero permítanme decirlo claramente. No hay ninguna bolsa del mundo que pueda reponer un manantial seco. No hay cotización bursátil que garantice que una familia tenga agua en su vaso al despertar. No hay índice financiero que cuadre la sed.
La escasez inducida —cuando los incentivos están construidos para favorecer la extracción, la mercantilización y la precarización del acceso— no es accidente.
Es resultado. Resultado de decisiones políticas y legislativas que aceptan la escasez como externalidad “controlada”.
Y aquí hago una pausa, y hablo desde adentro. Yo sé que el agua no es solo un insumo más, sé que sus ritmos no son los del mercado, sé que un glaciar derritiéndose no es una metáfora, sino un reloj climático que nos marca un tiempo cada vez más corto.
Tenemos que preguntarnos si queremos un mundo en que los ciclos naturales —el ciclo del agua, la regulación térmica, las estaciones— queden subordinados a la lógica extractiva de quienes ven la escasez como la materia prima de la ganancia.
Porque la verdadera distopía no es un futuro tech-noir que nos cuentan en las novelas.
La verdadera distopía es un esquema que normaliza la privatización del agua, la contaminació­n aceptada como “externalidad inevitable”, y la redefinición normativa de bienes comunes para encajar en modelos de mercado.
Eso no es progreso, eso es maquillar escasez como eficiencia.
Y nosotros sabemos —porque lo hemos visto, lo hemos medido, lo hemos sentido— que sin agua no hay libertad, y sin libertad no hay dignidad.
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viernes, 10 de octubre de 2025

Rescate monetario a un adicto: ¿Trump quiere regalarle guita a Mieli?


Interesantes momentos vive la relación EE.UU - Argentina. De por sí ha sido una relación compleja; tensa por momentos dado los principios de neutralidad Argentina frente al incesante intervensionismo yanky, tanto militar como con otras herramientas colonizadoras. La desclasificación de los archivos de la CIA que evidenciaron la inmiscusión por parte de la nación gendarme por antonomacia de la última mitad del siglo XX e inclúso las revelaciones de Wikileaks, que le costaron la libertad a Bradly Manin, Julian Assange y Eduard Snowden parecen ser insuficiente para una porción de la población a la que podríamos señalar de víctimas del efecto Mandela para no adentrarnos en calificativos que nos llevarían por un amplio espectro de sinónimos.

Lo cierto es que el show Javier Milei presidiendo la Argentina es un faro que se opaca con el descender de su popularidad y la euforia libertaria se convierte en cringe de una buena parte de su electorado que no da crédito a los manotazos de ahogado que está pegando para refrescar su imagen frente a lo jóvenes que supo conquistar en convenciones de cosplay. 

Como faro de la derecha el Javo fue la sonrisa en la cara de muchos dirigentes occidentales que lo invitaron a pasear incluso por ciudades europeas donde, a creencia de nosotros los sudacas, se encontraban ciudadanos formados políticamente y por ende más difíciles de manipular con "espejitos de colores" pero allí paseó Milei como orador principal, recibiendo premios de distinta clase de organizaciones (thing thanks).

Donald Trump ve en Milei a un aliado, tal vez más próximo a lo que considero a Macri, a quien llamaba "amigo". La idea de un salvataje al gobierno argentino es verdaderamente una mala idea; cuando una persona quedrada en su psique por adiciones o "neurodivergencia" obtiene una dosis de "poder" es abrirle la puerta a lo imprevisible en un sentido presumiblemente negativo.

El dilema que enfrenta el populismo de derecha es rescatar a un gobierno que colapsa por su propia dinámica autodestructiva o permitir que se evidencien los lazos con el narcotráfico, en un primer momento, y que se deshilache el entramado de corrupción que se oculta tras la desvirtuación con fines de marketing del término "Libertad". 

Ojalá los legisladores estadounidenses se opongan con determinación a la dilapidación del dinero de sus conciudadanos-contribuyentes y que los argentinos consigamos clarificar las vínculos espurios que nos llevan inexorablemente a una nueva crisis político-económica; la crisis moral e intelectual la estamos vivificando pero mañana saldrá el sol y volveremos a buscar el mango con la esperanza de aprovechar la coyuntura. 

sábado, 24 de junio de 2023

De perogruyadas invisibles


 Que Scioli, que Wado... no, mejor Massa. 

Claro está que la conducción del "peronismo unificado" hace rato que se parece a la condena del conocido como Atahualpa. El problema no es nuevo; la vuelta del general en los '70 perdió la representación de los "imberbes". Re pensar en el logro de la vuelta de Perón que requirió de operadores que en los repasos entusiastas son obviados. El viejo conductor volvió con una marca personal, López Rega, quién tras el 1 de julio del 1974 tomó protagonismo en las decisiones pero ya condicionaba el funcionamiento del gobierno.

Con los marcado matices en DD.HH., de aquel escenario y el actual es necesario, darnos por enterados que la compañera Cristina fue en estos años vicepresidenta, que mostró capacidad de convocatoria pero también expresó su decisión de no continuar corriendo en el hipódromo de la política es un realidad. Esa decisión dejó un slot de poder que varios personajes ambicionan llenar y aún que una ram de 16gb, claramente no es lo mismo que una de 2, 4 u 8; llegado el momento ha de ocuparse con lo que haya. 

Para el kirchnerismo no es nada nuevo, el compre hecho fue una de las grandes críticas desde el interior para los armados desde siempre, sin embargo hoy el mercado electoral más grande del país siente el cimbronazo de esa metodología.

Las especulaciones podrían eliminarse yendo a las PASO pero el temor de la dirigencia se funda en la posibilidad de perder la adhesión de los votantes de los candidatos que no ganen. Cierto es que no se puede predecir con certeza el comportamiento del mercado electoral pero tras bajarse el cuadró incuestionable del peronismo, TODOS se sienten con derecho y se ilusionan con la posibilidad de ser EL candidato pero siempre y cuando sea de la unidad.

Necesitamos, como seres políticos, madurar en la contienda interna pues una victoria dentro del espacio amañada no dista de una dedocracia, y ambas tácticas significan, en la contemplación de los militantes, un engaño o traición pues seguimos soñando con una democracia partidaria, pero como dice el meme "no se si están listos para esta charla".