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sábado, 18 de julio de 2026

La alegría argentina es de código abierto



Vivimos en una época curiosa. Nunca fue tan sencillo compartir una sonrisa y, sin embargo, pocas veces resultó tan rentable producir indignación. Los algoritmos que organizan buena parte de nuestra vida digital no tienen ideología propia; tienen objetivos. Y uno de ellos consiste en retener nuestra atención el mayor tiempo posible. Para lograrlo descubrieron algo que la psicología conoce desde hace décadas: el miedo, el enojo y la confrontación nos mantienen mirando la pantalla durante más tiempo que la serenidad.

Por eso, cada discusión parece una guerra. Cada diferencia se transforma en una grieta. Cada acontecimiento importante encuentra inmediatamente su ejército de provocadores, indignados y comentaristas profesionales. El conflicto cotiza alto. La bronca genera permanencia. Y la permanencia genera negocio.

En ese escenario ocurrió algo difícil de medir con estadísticas, pero evidente para cualquiera que haya recorrido una calle argentina durante un Mundial.

La alegría se volvió viral.

No una alegría ordenada por decreto, ni organizada desde una oficina de comunicación. Una alegría espontánea, desfachatada, exagerada, ruidosa y profundamente popular. Esa que convierte una esquina cualquiera en una fiesta, hace que desconocidos se abracen y logra que durante unos minutos la pertenencia deje de ser una consigna para convertirse en una experiencia.

Tal vez por eso la frase apareció casi sola:

La alegría argentina es de código abierto.

En informática, un proyecto de código abierto no pertenece a una sola empresa. Miles de personas pueden utilizarlo, mejorarlo, compartirlo y hacerlo crecer. Su valor aumenta precisamente porque nadie consigue apropiárselo.

Con la alegría sucede algo parecido.

No tiene dueño.

No necesita licencia.

No reconoce patentes.

Nadie puede privatizar un abrazo después de un gol.

Nadie puede registrar la emoción de una plaza repleta.

Nadie puede cobrar regalías por una canción que todo un pueblo decide cantar.

La alegría colectiva funciona exactamente al revés que la lógica de la escasez. Mientras los bienes materiales disminuyen cuando se reparten, la alegría aumenta cuanto más circula. Es uno de los pocos patrimonios humanos cuyo valor crece en la medida en que deja de pertenecernos individualmente.

Quizás por eso incomoda tanto a ciertas formas de poder.

La colonialidad nunca consistió solamente en apropiarse de territorios. También intentó apropiarse de los relatos, de los símbolos y hasta de la forma en que un pueblo debía entenderse a sí mismo. Colonizar es convencer al otro de que aquello que produce por sí mismo tiene menos valor que lo que recibe desde afuera.

La alegría argentina, en cambio, parece escaparse de esa lógica.

No pregunta de dónde viene quien se suma al festejo.

No exige credenciales ideológicas.

No distingue clase social, profesión ni apellido.

Cuando aparece, funciona como un lenguaje común que suspende, aunque sea por un instante, muchas de las diferencias que normalmente organizan la vida cotidiana.

El fútbol consigue expresar esa característica como pocas manifestaciones culturales.

Sería un error reducirlo a veintidós jugadores detrás de una pelota.

Lo que moviliza no es únicamente el resultado deportivo. Es la posibilidad de reconocerse en una emoción compartida. La camiseta deja de representar solamente un equipo para transformarse en un permiso social para abrazar desconocidos, cantar con otros y recordar que todavía existen experiencias que no necesitan intermediarios.

Paradójicamente, mientras los algoritmos buscan amplificar las reacciones negativas porque son más rentables, la alegría encuentra otro mecanismo de viralización.

No necesita pelear con nadie para multiplicarse.

No exige humillar a otro para existir.

Se propaga porque invita.

Porque incluye.

Porque despierta el deseo de participar.

Su lógica no es la del enfrentamiento permanente sino la de la cooperación espontánea.

Como ocurre con el mejor software libre, cada persona aporta una pequeña mejora. Un canto nuevo. Un abrazo más. Una bandera. Un mate compartido. Una historia que alguien contará durante años. Nadie controla el proceso y, precisamente por eso, el resultado pertenece a todos.

Quizás allí resida una de las formas más profundas de soberanía cultural.

No en la capacidad de imponer una identidad uniforme, sino en conservar espacios donde la comunidad siga produciendo sentido sin pedir permiso al mercado, al algoritmo o a cualquier poder que pretenda administrar nuestras emociones.

En tiempos donde casi todo parece diseñado para convertir la atención en mercancía, celebrar también puede ser un acto político. No porque responda a un partido, sino porque desafía una lógica económica que necesita individuos aislados, enfrentados y permanentemente irritados.

La alegría argentina, en cambio, sigue funcionando bajo otra licencia.

No tiene copyright.

Tiene copyleft.

Es el raro patrimonio de un pueblo que descubrió que las emociones más valiosas no se consumen: se comparten.

Porque la alegría argentina, afortunadamente, sigue siendo de código abierto.

lunes, 27 de junio de 2016

Con el buche lleno

Desde que el seleccionado argentino le gano al estadounidense me encontraba en el dilema de si quería o no que salieran campeones de la copa américa centenario. Los triunfos deportivos son escenario propicios para la demagogia ya que estimulan el exitismo de los pueblos porque no salen campeones los deportistas sale campeón el país, todos somos campeones; claro que si el resultado es adverso el cadalso del repudio es solo el primer trance del camino que sucede a la derrota. La mayor condena a quienes buscan gloria es el olvido. Quienes vivieron el mundial del '78 se acuerdan de los nombres de los integrantes de la selección, quienes no existíamos reconoceremos a Menotti, Luque, Filliol, Kempes y tal vez Passarella pero estas personas no hacían todo el seleccionado al igual que Maradona más allá de sus proezas no lucho cada partido por sí mismo. Que se entienda un equipo está conformado mínimamente por 12 personas, 1 técnico y 11 jugadores, la lógica dicta que por cuestiones del juego es necesario contar con suplentes o sea jugadores que estén en condiciones de salir a la cancha e incluso poder aportarle un cambio al funcionamiento del equipo si el partido lo necesitara.
Luego de cuatro finales perdidas nos queda la sensación de que al talentosísimo seleccionado argentino le falta algo, algunos hablaran de huevos otros de suerte otros de liderazgo otros empezaran a cerrar el foco centrándolo en la figura preminente de este seleccionado y terminaran apuntando al probado mejor jugador del mundo y de todos los tiempos; el tipo conjuga el fair play, la gambeta, la precisión en pases y disparos, los goles, la perseverancia, la rebeldía futbolística  y ante las miradas de la crítica recalcitrante la falta de carácter. Lo cierto es que Messi le ha dado al seleccionado todo su futbol que es todo lo que aprendió desde niño dilapido todo su prestigio en cada derrota, la paz de su psique en cada entrevista posterior. Recuerdo a un Riquelme vaciado según sus declaraciones ojalá no sea el mismo caso pero de serlo lo que Messi si se ha ganado es el derecho a decir basta. ¿Cómo se entiende que se apunte a un solo tipo por un fracaso grupal? Ojo, en un país donde la lógica trasunta la falacia no tenemos derecho a volvernos fundamentalistas de la victoria. Me resulta curioso como López es la síntesis del kirchnerismo en los medios de comunicación y a Messi le cae la culpa de todo lo que se hizo mal en el seleccionado de fútbol pero a mirar con cuidado en un caso buscaron el efecto de que todos los identificados con un colectivo se sintiesen culpables y se habilitara a quienes no pertenecen a endilgarles delitos; en este caso dejan que un joven adulto, con mucho de solamente jovencito, se cargue de culpas por cuestiones que escaparon a sus competencias. Insisto en un país donde se relativiza la conducta individual de los integrantes de un equipo de gobierno cuyas cagadas son consideradas de su fuero personal no debemos, bajo excusa alguna, constituirnos el derecho de juzgar a un simple grupo de deportistas que defienden los colores patrios en una cancha de futbol. El partido importante se juega a lo ancho del Ecuador, a lo largo del Greenwich y nuestro equipo está empecinado en cederle la pelota al capital, donde la soberanía no fue convocada, el técnico esta untado, el juez lo ponen los contrincantes y a la hinchada le cobran un precio desmesurado solo para asistir a la derrota de nuestros valores culturales, éticos y humanísticos. Que buen gol de tiro libre que le hizo Messi a los Estados Unidos.

jueves, 10 de marzo de 2011

De que más se va a colgar?

Es cierto que en Salta ocurren muchas cosas durante los trescientos sesenta y pico de días del año sin embargo en esta era de las elecciones estamos, los periodistas y militantes, a la expectativa de las novedades en el escenario político escenario que por estas latitudes es acaparado por la histeria de la vedettonga pintada de amarillo, la figura del diputado Alfredo Olmedo.

Al día siguiente de la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, cepillo (como se lo conoce por sus pagos), quiso pintarse de kirchnerista. Por su puesto su "padrino" el senador Juan Carlos Romero le regaló la posibilidad, publicando en la contratapa de "el tribuno", un aviso donde le agradecían a la presidenta por "impulsar el proyecto de Ley de Olmedo para el apoyo y contención de mujeres embarazadas".

Si no fuese suficiente la interminable listas de ridículos realizados por el legislador como para ver cual es su grupo de pertenencia política, enviaron de Buenos Aires al rabino Bergman a realizarle el ADN PRO.

En el díalogo con el programa de Jorge Rial, el rabino habló con tono lastimoso por los casos de muerte en las comunidades aborigenes, presuntamente por desnutrición, sin recordar que el mayor de los males que atentan contra los pueblos originarios del norte provincial son el desmonte y la utilización de los agrotóxicos que van meyando la salud respiratoria de todos los habitantes de la zona.
Sobre la pregunta realizada por Rial respecto a si cepillo era la opción para la gobernacion de Salta el rabino dijo que: "El caso particular de Olmedo, motivo por el cual tambien lo estoy acompañando en un recorrido, no tienen que ver con su posición político partidaria (¿también animara fiestas de 15 y bar mitzvahs?) pero si el principio de que alguien de la actividad privada se dedica a lo público como candidato y resulta que a partir de ese día es acusado, falsamente, de trabajo esclavo, tiene que ser destituido es ademas un explotador; alguien que tiene que ser descalificado de una familia que tiene una trayectoria más alla de su propia persona que era un ejemplo para la provincia". Luego basado en la única ciencia que aparentemente conoce Bergman, el meparecismo, acusó a Urtubey de trasformar al candidato PRO en "en un enemigo que tiene que ser defenestrado (como si hiciese falta) y condenado sin evidencia y sin pruebas ademas de las causas armadas". 


La buena novedad es que aparentemente Olmedo habría llegado a su techo de intención de voto y estaría a más de 30 puntos del actual mandatario. Lo que me preocupa como salteño es que sigan desfilando por la provincia las figuras del PRO.